La emoción, los recuerdos y la ilusión por el futuro marcaron la graduación de la promoción 2013-2026 de 4.º de ESO del Colegio San Estanislao de Kostka.
La jornada comenzó con una eucaristía de acción de gracias, en la que alumnos, familias y profesores compartieron un momento de reflexión y agradecimiento por los años vividos juntos. Posteriormente, el acto académico estuvo lleno de momentos entrañables, discursos cargados de emoción y actuaciones musicales que hicieron aún más especial la celebración.
Durante la ceremonia se recordó el camino recorrido desde su llegada al colegio en 2013 y se puso en valor el crecimiento personal y académico de esta promoción. Desde el colegio les felicitamos por todo lo conseguido y les deseamos que afronten esta nueva etapa con ilusión, confianza y el compromiso de seguir siendo personas al servicio de los demás. ¡Enhorabuena, promoción 2013-2026!
En esta página os compartimos una galería de fotos con los momentos más especiales del día, así como el discurso de graduación.
¡Enhorabuena, promoción 2013-2025! El mundo os espera… y nosotros siempre os recordaremos con cariño!
DISCURSO DE GRADUACIÓN:
Queridos alumnos y alumnas de 4º de ESO, familias, profesorado y miembros de nuestra comunidad educativa:
Hoy es uno de esos días que tienen algo de celebración y algo de despedida. Un día en el que miramos hacia atrás para comprender mejor el camino recorrido y hacia adelante
para intuir todo lo que está por venir. Uno de esos días que permanecen en la memoria.
Permitidme que empiece hablando de algo que considero especialmente valioso: el sentido de pertenencia.
Durante años, este ha sido vuestro colegio. Aquí habéis aprendido, os habéis equivocado, habéis reído, habéis hecho amigos, habéis descubierto talentos que no sabíais que teníais y habéis superado dificultades que, en algunos momentos, os parecían imposibles. Este colegio forma ya parte de vuestra historia. Y eso nadie os lo podrá quitar nunca.
Espero que, cuando dentro de muchos años recordéis estos pasillos, estas aulas y estos patios, lo hagáis con orgullo. El orgullo de haber pertenecido a una comunidad que ha
intentado educaros no solo para aprobar exámenes, sino para comprender el mundo y ocupar vuestro lugar en él. Pero si vosotros debéis sentiros orgullosos de vuestro colegio, permitidme deciros algo
igualmente importante: vuestro colegio también se siente orgulloso de vosotros. Orgulloso de vuestro crecimiento, de vuestro esfuerzo y de vuestra capacidad para
levantaros después de las dificultades. Orgulloso de las personas en las que os estáis convirtiendo. Porque educar consiste precisamente en eso: en acompañar el desarrollo
de cada persona. Y hoy podemos contemplar ese proceso con satisfacción y esperanza.
Hay otro aprendizaje que quisiera compartir con vosotros en este momento de despedida: el respeto por el tiempo y por los ritmos de la vida. San Ignacio comprendió algo que sigue siendo profundamente actual: las cosas importantes de la vida se revelan poco a poco.
Vivimos en una época que nos invita constantemente a la rapidez, a la inmediatez, a obtener resultados instantáneos. Son los tiempos de la multitarea y del scroll infinito.
Sin embargo, las cosas verdaderamente importantes requieren tiempo. La amistad necesita tiempo. El conocimiento necesita tiempo. El carácter necesita tiempo. La madurez necesita tiempo.
Respetar el tiempo significa comprender que no todo tiene que llegar hoy. Significa saber esperar, perseverar y confiar en procesos que no siempre muestran resultados inmediatos. Quien respeta los tiempos aprende también a respetar a las personas, porque entiende que cada uno tiene su propio ritmo para crecer, aprender y encontrar su camino. Y de eso los profesores sabemos mucho.
Quizá alguna vez os habéis preguntado para qué sirvieron determinadas lecciones, ciertos libros, algunos problemas matemáticos o algunas identidades notables como (3x– ½)². Para qué servían algunas fechas históricas o contenidos que parecían alejados de vuestra vida cotidiana. Es una pregunta legítima.
Y aquí quiero recordar una idea del pensador Nuccio Ordine, quien nos habló de “La utilidad de lo inútil”. Nos enseñó que muchas de las cosas que parecen inútiles son precisamente las que nos hacen más humanos.
La literatura que no servía para el mundo laboral. La poesía que no aparecía en ningún currículum. La música que no resolvía problemas inmediatos. El arte, el francés, la historia o la curiosidad por comprender quiénes somos. Todo aquello que parecía no servir para nada estaba, en realidad, construyendo algo esencial dentro de vosotros. Estaba ampliando vuestra mirada, fortaleciendo vuestra sensibilidad y enseñándoos a pensar con libertad.
Porque la educación no consiste únicamente en aprender lo útil. Consiste también en descubrir aquello que da sentido a la vida. Mirar la propia historia con agradecimiento es una forma de sabiduría. Cuando aprendemos a reconocer el camino recorrido descubrimos que nada ha sido completamente inútil. Y eso me lleva al último mensaje que quisiera dejaros.
Hemos intentado educaros en la profundidad. La profundidad nace de la reflexión, del silencio y de la capacidad de preguntarse con sinceridad: ¿quién soy?, ¿qué deseo verdaderamente?, ¿para quién quiero vivir? En un mundo que muchas veces premia la superficialidad y la rapidez de las opiniones, hemos querido enseñaros a deteneros, a pensar y a comprender antes de juzgar. Hemos querido ayudaros a construir unos cimientos sólidos.
La roca no se forma en un instante. Se forma lentamente, soportando el paso del tiempo, la presión y las inclemencias. Y precisamente por eso permanece.
Ojalá la educación que habéis recibido os permita ser así: sólidos como la roca. No rígidos, sino firmes. Capaces de adaptaros a los cambios sin perder vuestra identidad.
Capaces de discernir entre lo importante y lo accesorio. Capaces de escuchar sin renunciar a vuestros principios. Capaces de afrontar las dificultades sin derrumbaros.
El mundo que os espera necesitará personas preparadas, pero sobre todo personas profundas, conscientes, compasivas y valientes.
Y yo estoy convencido de que muchos de vosotros llegaréis a serlo.
Hoy termináis una etapa. No sabéis exactamente adónde os llevará el camino, y eso forma parte de la aventura. Pero lleváis con vosotros mucho más de lo que imagináis: el
recuerdo de vuestro colegio, el afecto de quienes os han acompañado y una formación que seguirá dando frutos cuando menos lo esperéis.
No os preguntéis únicamente qué vais a llegar a ser; preguntaos también para quién vais a llegar a ser. Porque una vida plena no se mide solo por los éxitos alcanzados, sino por el bien que hemos sido capaces de hacer. Y allí donde la vida os lleve, procurad siempre, como diría San Ignacio, buscar y hallar lo mejor de vosotros mismos para ponerlo al servicio de los demás.
Marchaos con confianza. Marchaos con gratitud y con la certeza de que siempre formaréis parte de esta casa. Ya sois antiguos alumnos de los colegios de la Compañía de Jesús.
Y recordad que, allí donde vayáis, llevaréis con vosotros algo de nosotros. Y nosotros conservaremos para siempre algo de vosotros.
Que el futuro os encuentre con el corazón abierto, la mirada alta y los pies firmemente asentados sobre roca.
Enhorabuena. Muchísimas gracias. Y buena suerte en todo lo que está por venir.


